miércoles, 8 de octubre de 2014

[Cine] (Crítica) Perdida

Matrimonio sin hijos



El día de su quinto aniversario de matrimonio Amy Dunne (Rosamund Pike) desaparece, dejando a su marido Nick Dunne (Ben Affleck) sólo ante la incerteza, el miedo… y la policía y la sospecha. En el nuevo film de David Fincher absolutamente nada es lo que parece. Tan sólo podremos empezar su visionado con una certeza: su director sigue siendo implacable e impecable.

Basándose en la novela de Gillian Flynn —y en un hecho insólito, adaptada por ella misma— Fincher vuelve a adentrarse, tras su experiencia con la primera parte de la trilogía de Stieg Larsson, en otra novela negra atípica. Habitual en los terrenos del thriller, más de uno desearíamos que volviera a los terrenos oscuros y sórdidos de Seven, o los festivos y radicales de El club de la lucha, pero Fincher es un director perfeccionista, severo, que antes que repetir una faceta de la cual se sabe maestro, prefiere probar nuevos retos. Sin pasarse, no estamos hablando de cine experimental. En este caso Perdida, el libro de Flynn, le brinda nuevas posibilidades.

No es habitual encontrar en un producto norteamericano de tal envergadura —la novela no deja de ser un best seller— una crítica tan feroz a la sacrosanta institución del matrimonio. Una sátira de la familia y de los medios de comunicación oculta bajo una aparente novela negra que empieza engañando vilmente, dirigiendo tu mirada en cierta dirección de un modo excesivamente obvio para, sobre su ecuador, arreglárselas para mostrar todas sus cartas, torcerte el culo, cambiar de golpe su estructura y, pese a algún momento donde la suspensión de credulidad es puesta a prueba, mantener la tensión incluso en su prolongado epílogo.


¿Pero esto no era un comentario acerca del nuevo film de Fincher? El caso es que el director de Alien 3 (entre otras, ya sabéis) debió quedar tan fascinado ante esta atípica, pero exitosa, obra que encargó la adaptación a la propia escritora del original, la cual respetó de forma escrupulosa, pues es éste uno de los factores que hacen tan especial a esta historia, su (des)estructura, fragmentada a lo largo de todo el relato, con saltos temporales de diferente magnitud (algo inhabitual en la filmografía de Fincher, con estructuras mucho más clásicas incluso cuando la propia narración no sigue los cánones habituales, caso de El club de la lucha o El curioso caso de Benjamin Button) y otros recursos, que debido al tipo de film que es obviamente me guardaré, que si bien funcionaban excepcionalmente en la novela —propias de la literatura policíaca, pervertidas en esta historia que transitado medio tomo no sabes bien con qué género etiquetarla— no palidecen en su adaptación cinematográfica, valiéndose de una voz en off constante , a diferencia de muchos otros ejemplos, en absoluto superflua y que conforma la base sobre la cual se apoya el twist principal.


Todo esto narrado con la habitual meticulosidad de Fincher, elegante y más sobrio, incluso en alguna de las más truculentas y celebradas escenas del film, que nunca. Ni en descuido le pillarán con la cámara en mano. Para ello cuenta con su director de fotografía habitual: Jeff Cronenweth, que si bien no cuenta con localizaciones tan impresionantes como la Suecia de Millennium (2011), consigue que ese aburrido pueblo de Missouri, la ficticia Noth Carthage, donde Amy Dunne es llevada en contra de sus deseos, resulte sombrío y distante, frío, casi como un pueblo del norte de Europa. Una frialdad que se transmite no sólo en la fotografía, en su excelente música —obra de nuevo de Trent Reznor y Atticus Ross; distante e hipnótica, se torna más angustiante y opresiva conforme avanza el relato— o en su montaje quirúrgico —de Kirk Baxter, que edita exclusivamente las películas de Fincher— sino también en sus personajes principales, en contraposición a los hechos de la narración que es intensa pero con el tempo constante. Una frialdad habitual en los personajes de Fincher, aquí interpretados con solvencia por Ben Affleck —renacido como brillante director, lo cual le debe haber aportado la experiencia suficiente para mejorar su registro actoral, mucho mejor cuanto más contenido se muestre— y una brillante y poderosa Rosamund Pike, que hasta el momento no había tenido ningún papel especialmente destacable, más allá del típico “mujer-cuasi-florero” habitual del cine de acción norteamericano. Es en su personaje, que Pike maneja como lo que es, el papel de su carrera, donde reside toda la fuerza de la historia, eje central sobre el que gravitan casi todas las acciones dramáticas del film y los personajes, como el exnovio Desi Collings (el sorprendente Neil Patrick Harris, alejado con acierto de la comedia) y la hermana de Nick Dunne, Margo Dunne (Carrie Coon, sin duda alguna la mejor actriz de todo el elenco, ya de por si mayúsculo, visto en The Leftovers), todos ellos peones en el plan maestro trazado, rodado y narrado con la habitual meticulosidad y perfeccionismo de Fincher. Cierto, a muchos esta frialdad puede resultarles un obstáculo para entrar de lleno en el film, pero es un peaje que gratamente se paga para asistir a tan impecable entramado.

 
Al fin y al cabo, al igual que su estructura narrativa es una pirueta capaz de arrebatarnos con una historia que, contada de otro modo más clásico, sería carne de telefilm, lo realmente desgarrador de ella no son los hechos reales sino la narración paralela que se ejecuta en los medios de comunicación, los juicios públicos orquestados por estrellas televisivas capaces de dirigir los sentimientos del espectador, de adscribirlos a una idea con mucha más convicción que cualquier político o dirigente. De hecho en España tenemos un claro ejemplo: el político actual que más pasiones levanta, más allá de si se es afín o no a su ideario, es claramente un producto televisivo. Y éste es uno de los puntos interesantes de la novela, que la llevaban más allá del género negro, y que aún así gana en su representación cinematográfica: el relato ficticio de las televisiones —al igual los libros que los padres de Amy escriben basándose en su hija y creando una versión perfeccionada de ella y amada por millones de personas— genera una nueva realidad que en el film nos impulsa a señalar unas víctimas y unos culpables, aún y cuando el propio señalado proclama con todas sus fuerzas su inocencia. Allí donde Fincher más estremece no es en los giros dramáticos, las escenas sórdidas o la tensión in crescendo que preside el film, sino en el análisis que hace del poder que los medios de comunicación tienen sobre la población.

Pero claro, vosotros no os creéis todo lo que sale en televisión, ¿no?

11 comentarios:

  1. Excelente crítica. Felicidades!

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  2. Mala , mala no !!! que dijo pervesa es esa pelicual, de ess cosas que lamentas perder tu dinero , y el final puffff es lo mas malo

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  3. De las pocas películas que te ponen a pensar después de verla. Creo que se acerca mucho a la realidad actual donde las personas han sido y son pura fachadas.

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  4. Tampoco entendí el final. Más de 2 horas de película tiradas a la basura en los últimos 5 minuto

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  5. Tampoco entendí el final. Más de 2 horas de película tiradas a la basura en los últimos 5 minuto

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  6. Final abierto que deja muchos cabos sueltos que se aceptan o no y crean incertidumbres evidentes. Muchos detalles a considerar p ej. ¿Al ir a un hospital en EEUU te mandan a casa con sangre hasta las pestañas? Todas las imágenes de la casa del lago con la supuesta violación ¿No sirven para aclarar lo ocurrido, manos atadas, cutter etc...?

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    1. Mucgos cabos sin duda. En el hospital cuando la detective pregunta... Pasan de ella y directamente la envian a casa sin mas y ensngrantada!! Entre otros detalles...

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